"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla"
Los
grandes saben cuándo morirse para fastidiar a todo el mundo. Chávela Vargas
dijo que lo haría en domingo para molestar y así fue. García Márquez se río
de las beatas costumbres con las que creció en Colombia y hasta los pasos más
recogidos de Jueves Santo se detuvieron durante un minuto para llorar la muerte
del biógrafo de Latinoamérica, el hijo del telegrafista que dio forma de
libro al sentir de un continente. Porqué las lágrimas llegaban desde la
Patagonia hasta Tijuana y desde San Ángel a Aracataca.
El
presidente Colombiano, Juan Manuel Santos aseguró que había muerto el
Colombiano más importante de todos los tiempos.
Apenas hace
8 días Gabo había dejado el hospital donde estuvo ingresado durante
una semana por una infección pulmonar. Poco después se supo que, en realidad,
no era un problema pulmonar sino un agravamiento del cáncer que lo aquejaba y
que se había extendido por pulmón, ganglios e hígado y que estaba recibiendo
cuidados paliativos en su casa. Tras la última recaída su familia decidió no
castigarlo más con agresivos tratamientos y darle sólo cuidados que le
aliviaran los dolores.
"Yo
vivo sólo para que me quieran más mis amigos" solía decir y estos
ahora se multiplican. Una de sus mejores amigas, el premio Cervantes Elena
Poniatowska, recordó en El Mundo al Gabo dicharachero y bueno con quien
compartió muchas horas de charlas y risas. "Nos queremos mucho desde
antes de que le dieran el Nobel, porque es una persona muy tierna y sencilla, y
cuando nos vemos siempre me pregunta cosas como si debo comprarme otro
pantalón, si esta americana combina con esta camisa..." recuerda horas
antes de conocerse la noticia.
Aquí en
la Ciudad de México, García Márquez llegó huyendo del dictador colombiano
Laureano Gómez y su sucesor, el general Gustavo Rojas Pinilla. Durante su
exilio en la Ciudad de México empezó a escribir 'Cien Años de Soledad', en un
estilo que demuestra la influencia del famoso escritor estadounidense William
Faulkner. El escritor colombiano llevó a su esposa a vivir con su familia y en
el D.F permaneció 18 meses casi sin salir de la habitación de su apartamento a
la que llamaba "la Cueva de la Mafia". Allí permaneció consumiendo
seis paquetes diarios de cigarrillos. Las deudas se acumulaban y para
resistir económicamente este largo período vendió su automóvil y casi todas sus
pertenencias, incluyendo los electrodomésticos y enseres de la casa. Por esta
obra percibió un anticipo de apenas 500 dólares y la tirada inicial fue de 8.000
ejemplares.
Para la
tumba García Márquez se lleva el misterio sobre la famosa novela inacabada de
Gabo, una obra que se debía llamarse "En agosto nos vemos". "Se
trata de un libro que escribió hace algunos años, poco después de 'Memorias de
mis putas tristes', pero que ha corregido casi de forma obsesiva", dijo su
editor Cristóbal Pera a El Mundo el año pasado. La leyenda cuenta que Gabo había
escrito hasta seis finales y que, una vez terminada, la guardó en un cajón
para que fuera publicada una vez fallecido. Para su editor, que ha leído varios
capítulos, se trata de una "obra maestra" pero la fecha de su
publicación "es una decisión personal de Gabo" aclararía entonces.
"La
vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para
contarla" dijo en una de sus últimas entrevistas.

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